Alemania como ejemplo
En Alemania se está preparando el “otoño de las reformas”. Esto incluye impedir posibles contra protestas. Pero detrás de la bonita palabra “reforma” se esconde un ataque frontal contra el estado social. Contra lo que el movimiento obrero ha logrado en 100 años de lucha. Desde hace semanas, se están alimentando las divisiones sociales con la cobertura mediática sobre los beneficiarios de la renta básica, los jubilados, los refugiados o el “excesivo” estado del bienestar.
Desde el principio quedó claro que la enorme militarización no se pagaría únicamente con deuda. Para compensarlo, se reducirá el estado del bienestar, si no se destruye por completo. 100 años de logros del movimiento obrero.
Los próximos seis meses serán decisivos para la recuperación económica en Alemania, según declaró recientemente el ex primer ministro de Hesse, Roland Koch. Si en los próximos seis meses no se produce una mejora económica, habrá que aplicar recortes sociales tan duros que “habrá que temer distorsiones democráticas”. Y aquellos a los que esto no les impresiona deben ser disciplinados con la amenaza de un gobierno en el que participe la fascista AfD.
La amenaza de Koch no debe tomarse a la ligera. Demuestra que la Unión está considerando romper la coalición en favor de una colaboración con la AfD. El trasfondo podría ser la enorme presión de las asociaciones patronales e industriales para reducir el estado del bienestar y desregular el mundo laboral con el fin de reforzar la competitividad. Al intento de iniciar la transición económica le sigue la búsqueda de mayorías neoliberales.
Desde hace meses, no pasa un solo día sin que el Gobierno federal dé la impresión de que el Estado social, las leyes de protección laboral y la regulación se han convertido en un obstáculo para el crecimiento. Entre bastidores se preparan recortes que podrían eclipsar todas las reformas sociales realizadas hasta ahora. “Será un otoño memorable”, amenaza el secretario general de la CDU, Carsten Linnemann. Markus Söder habla de “actualizar el Estado social”, Friedrich Merz incluso de “ruptura histórica”. Al parecer, el Gobierno federal ha abandonado todos sus bloqueos mentales. Recortes en la renta básica, supresión de la jornada laboral de ocho horas, eliminación de días festivos, flexibilización del pago continuado del salario en caso de enfermedad, jubilación a los 70 años: todo el catálogo de crueldades sociales está sobre la mesa.
El debate responde a la presión de los economistas neoliberales y las asociaciones patronales, que llevan tiempo abogando por un cambio económico. A principios de año, empresarios de varias ciudades salieron a la calle para celebrar un “día de alerta económica”. Exigían un cambio de rumbo en materia de costes energéticos, impuestos, seguridad social, burocracia e infraestructuras. Pocas semanas después de las elecciones, Gesamtmetall (empresarios) anunció sin tapujos que estaba trabajando en un proyecto de ley para restringir el derecho de huelga. La economista Nicola Fuchs-Schündeln aconsejó a los miembros de la coalición negro-roja en su reunión a puerta cerrada en Würzburg que se pusiera fin a la “juridificación de ámbitos enteros de la vida” y que, en su lugar, se “abrieran espacios para una mayor disposición al riesgo”. Y después de que el director general del Instituto de Economía Alemana, cercano a los empresarios, Marcel Fratzscher, introdujera en el debate un año de trabajo obligatorio para los jubilados, solo unos días después, el director general de Niedersachsen-Metall (empresarios), Volker Schmidt, exigió que las visitas al médico solo se pagaran por adelantado. Cada vez hay más indicios de que se trata de más que una reforma del estado del bienestar. Esta vez se trata de los cimientos de los logros sindicales desde decadas.
En vano se busca resistencia en las filas del SPD socialdemócrata. Desde hace tiempo se perfila también entre los ministros del SPD una disposición al diálogo sobre los recortes sociales. Así, los socios de la coalición demostraron unidad en su reunión de verano en Würzburg y anunciaron unánimemente el “otoño de las reformas”. Aún se desconocen los detalles, pero las “comisiones”, aparentemente independientes, ya han comenzado su trabajo para reformar los seguros de enfermedad, asistencia y pensiones. Y no solo Merz impulsa el debate sobre los recortes sociales con declaraciones como que la gente ha vivido por encima de sus posibilidades. El vicecanciller y presidente del SPD, Lars Klingbeil, también afirma: “Tenemos que exigir algo a la gente”. El hecho de que la ministra federal de Trabajo, Bärbel Bas, contrariamente a su diatriba contra Merz, anuncie una congelación salarial en el ingreso básico universal, encaja en este panorama.
Sin embargo, dado que en el SPD también hay voces como las de Ralf Stegner y el líder de las Juventudes Socialistas, Philipp Türmer, que rechazan la política de austeridad, son sobre todo los medios conservadores los que aumentan la presión. “El SPD no puede seguir así”, lleva semanas insistiendo el periódico Neue Züricher Zeitung. Y el diario Die Welt critica: “En lugar de emular a la izquierda, el SPD podría llenar un importante vacío”. Por el contrario, la izquierda del SPD recibe el apoyo de las asociaciones sociales. Y también los sindicatos critican la supresión de la jornada laboral de ocho horas. Así, el vicepresidente del sindicato Alimentación-Restaurantes, Freddy Adjan, señaló el peligro de que, en el futuro, sean posibles semanas laborales de 73,5 horas si se sale adelante con la gran coalición.
Las críticas aún cautelosas expresadas por las asociaciones sociales, los sindicatos y la izquierda del SPD indican que es posible que la política de austeridad y rearme no se mantenga sin oposición. Por ello, y también ante las nuevas mayorías matemáticas con la AfD, crece dentro de la Unión la disposición a colaborar con este partido. Especialmente en los estados federados del este de Alemania, donde la AfD ganó casi todos los distritos electorales en las elecciones al Bundestag, el debate sobre la colaboración de la Unión con la AfD lleva ya tiempo en marcha. Así lo demostró, entre otras cosas, el comentario del diputado del distrito de Greiz, Gunnar Raffke, de abandonar el muro de contención y dar una oportunidad a la AfD. A nivel federal, Merz ya había tanteado a finales de enero una posible colaboración entre la Unión y la AfD mediante una moción para endurecer la política migratoria. Debido a que su oferta provocó una enorme controversia social, el presidente del grupo parlamentario de la CDU, Jens Spahn, inició pocas semanas después un debate sobre la normalización de las relaciones con la AfD. Esta iniciativa fue respaldada, entre otros, por el ministro de Asuntos Exteriores, Johann Wadephul, con el comentario de que también los diputados de la AfD deberían ser elegidos presidentes de comisiones.
Si se examinan el programa electoral, las mociones y el comportamiento de voto de la AfD, queda claro rápidamente que un Gobierno con participación de la AfD iría acompañado de enormes ataques al mundo laboral. El partido ha votado en varias ocasiones en contra del salario mínimo. También rechaza una ley de cumplimiento de los convenios colectivos para reforzar la vinculación a los mismos. Un análisis del Centro Leibniz de Investigación Económica Europea (ZEW) muestra que el programa de la AfD provocaría una mayor redistribución de abajo hacia arriba. El hecho de que el partido se esté preparando una vez más para las elecciones de comités de empresa con la asociación Zentrum y que, además, lo haga con el anuncio de que quiere socavar a los sindicatos de la DGB (sindicato único socialdemócrata), deja claro que los sindicatos, en particular, no tienen nada bueno que esperar de un gobierno de este tipo. Es posible que las asociaciones patronales e industriales se hayan abstenido de criticar la oferta parlamentaria de Merz a la AfD en enero porque un debilitamiento de los sindicatos les vendría muy bien.
Willi Bleicher, durante muchas décadas director regional del sindicato IG Metall en Baden-Württemberg, ya analizó hace muchas décadas que el fascismo alemán fue un instrumento de dominio al que recurrieron las élites de la República de Weimar “después de que la democracia dejara de garantizar los beneficios” y “ya no se pudiera gobernar con los métodos de dominio de la democracia”. Por lo tanto, la izquierda política tiene motivos para estar preocupada. Esta preocupación plantea un dilema estratégico. ¿Es mejor tolerar los recortes sociales de la Unión y el SPD que provocar la ruptura entre los socios de la coalición y un gobierno de la AfD? La preocupación está justificada, ya que se multiplican los indicios de que, si la Unión no puede llevar a cabo el “otoño de las reformas” con el SPD, está dispuesta a formar una mayoría ultra-neoliberal con la AfD. La amenaza de una alternativa de Gobierno federal conservador-ultraderechista podría tener graves consecuencias para las contra-estrategias de la izquierda y paralizarlas.
Sin embargo, en un contexto de recortes sociales que conducirían a la destrucción del Estado del bienestar, el argumento del SPD como mal menor ya no es válido. En lugar de proteger a la gran coalición, la izquierda política debe poner todo su poder de movilización en la balanza para repeler estos ataques. En particular, los sindicatos deben convertirse en el motor para la construcción de alianzas sociales con iglesias, asociaciones sociales e iniciativas locales. Un vistazo a Bélgica muestra cómo se puede hacer esto. Desde la primavera, las tres grandes confederaciones sindicales organizan sus protestas contra los planes de recortes del gobierno de derecha. También en Francia, cientos de miles de personas salen a la calle contra el gobierno de Macron.
El ascenso de la AfD no se puede impedir con una actitud pasiva. Al contrario: la pasividad permite a Merz y Spahn preparar la cooperación reaccionaria entre bastidores. Si el “otoño de las reformas” transcurre sin protestas significativas, es posible que el ascenso de la AfD como fuerza política más poderosa sea imparable.
NOTAS:
(*) “Herbst der Reformen mit Gegenprotesten“ (Otoño de reformas con protestas en contra), Etosmedia, autora: Ulrike Eifler, 2025-10-02 (LINK)
IMAGENES:
(1) Estado Social (etosmedia)
(2) Estado Social (dhm)
(3) Estado Social (shmh)
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2025-11-25)
