Guerra en la izquierda alemana

Los residentes del único proyecto de vivienda de izquierdas en Berlín-Hellersdorf conocen de sobra la violencia política. Sin embargo, lo que ocurrió el pasado 4 de julio en La Casa no fue un ataque nazi, sino una escalada de la violencia interna en la izquierda en torno a Palestina, como no se había visto desde los años noventa y dos mil. En aquella época, los anti-alemanes pro-sionistas y los anti-imperialistas solidarios con Palestina se enfrentaban con violencia de forma habitual.

En un proyecto de vivienda de izquierdas en Berlín se produjo una escalada de violencia interna entre pro-sionistas antialemanes y internacionalistas pro-palestinas. El periódico taz reconstruye lo que ocurrió en el proyecto de vivienda “La Casa”.

El centro juvenil de izquierdas llamado “La Casa” se encuentra en las afueras más alejadas de Berlín, en el distrito de Hellersdorf, tan lejos que justo detrás del edificio comienzan los campos de trigo de Brandeburgo. El distrito es un foco de actividad nazi. El partido “Tercer Camino” hace de las suyas aquí, la neofaschista AfD obtuvo un 30% de los votos en las últimas elecciones al parlamento federal. En las calles de bloques de pisos prefabricados de los alrededores es fácil encontrarse con hombres de aspecto sombrío vestidos al estilo de la extrema derecha. El centro juvenil sufre ataques regulares por parte de los neonazis.

No es fácil reconstruir lo que ocurrió alrededor de La Casa. En un informe policial y en varios artículos de prensa se habló inicialmente de un ataque por parte del grupo solidario con Palestina, que habría puesto fin por la fuerza a una “ocupación contra el antisemitismo”. Sin embargo, tras las conversaciones que el diario taz ha mantenido con ambas partes, parece claro que el desencadenante de la violencia no fueron los activistas pro-Palestina, sino una acción de la facción del proyecto de La Casa de tendencia solidaria con Israel (anti-alemana y pro-sionista), que hay que calificar como una especie de desalojo forzoso (desokupa) dentro de la propia izquierda. (*)

(Para entenderlo mejor: el movimiento antifa y el internacionalista alemán están profundamente divididos desde hace tiempo. Por un lado, existe un movimiento solidario con Palestina - como, por ejemplo, en el País Vasco - que habla de sionismo y acusa a Israel de genocidio. Por otro lado, desde hace más de 30 años existen los auto-denominados “antialemanes”, que defienden incondicionalmente al Estado de Israel. Su posición política puede resumirse así: el Holocausto no debe repetirse; los Estados de Israel y de EEUU son los garantes de que el Holocausto - o Auschwitz - no se repita, por lo que hay que apoyar a estas potencias. Cualquier crítica a Israel, incluso si la formulan judíos, es tildada (difamada) - al igual que por la política alemana, las autoridades y por las fuerzas represivas - de “antisemita” y equiparada al fascismo. A los críticos de Israel se les acusa de querer “liquidar a los judíos”; el lema “Del río al mar”, por ejemplo, se tilda de antisemita o directamente fascista y es criminalizado por el Estado alemán. A pesar de su proximidad al imperialismo y al fascismo, esta corriente anti-alemana se autodenomina “de izquierdas”.)

GRUPO DE DESALOJO PRO-SIONISTA

Según las versiones de ambas partes sobre La Casa, el sábado por la mañana se reunieron en el edificio entre diez y quince personas pertenecientes a una facción que se define como crítica con el antisemitismo (pro sionistas). Muchas de ellas, si no todas, no residen en el edificio, pero participan activamente en proyectos allí, por lo que pudieron acceder al mismo. Un vídeo al que ha tenido acceso el diario taz muestra cómo se mueven por el edificio encapuchados con pasamontañas negros y armados con porras y spray de pimienta (es objeto de controversia si lo trajeron consigo o lo cogieron del edificio, donde se guardan para protegerse de los ataques nazis).

Estos anti-alemanes / pro-sionistas saben que su plan supone un ataque contra el colectivo La Casa: quieren echar a la calle a un residente del edificio al que han identificado como “actor central” de las “actividades antisemitas” y la “ocupación” del espacio en el edificio. A continuación, planean ocupar el centro y expulsar a otros activistas pro-Palestina del edificio. “Estábamos durmiendo cuando entraron en el piso”, cuenta Laura el miércoles en el jardín delantero de La Casa, según informa el diario taz. Es una de las varias amigas que se encuentran en ese momento en la habitación de la persona a la que pretenden desalojar; la propia persona no está presente. El “equipo de desalojo” se habría comportado “como la policía”, afirma. Nadie respondió a ninguna pregunta, solo se habló de una “acción de Antifa” y de que la persona no tenía contrato de alquiler. “Cuando nos pidieron que nos fuéramos, me resistí. Tenía miedo, grité pidiendo ayuda”, cuenta Laura. Entonces, entre cuatro y cinco hombres la sujetaron por el cuello y la llevaron a rastras por las escaleras.

Cuando Moritz, que formaba parte de ese “equipo de desalojo” pro-sionista, habla unas horas más tarde de esta escena en un parque del vecino barrio de Marzahn, se refiere al “enfoque humanista” que, según él, había seguido el grupo. Se había intentado llevar a cabo un desalojo sin violencia ni destrucción. “Está claro que algo así no funciona sin ningún tipo de violencia”, afirma el anti-alemán. Sin embargo, “no utilizamos spray de pimienta ni nada por el estilo contra las personas a las que despertamos y a las que pedimos que se marcharan”. Por eso está seguro: “Nuestro uso de la fuerza fue proporcionado”.

OCUPACIÓN SITIADA

Otros en el edificio lo ven de otra manera. En el patio trasero del proyecto de vivienda, el diario taz se encuentra con el refugiado Kwame, que vive aquí. «¿Qué demonios fue eso del sábado?», pregunta. Cuenta que, durante su huida, estuvo internado en un campo en Libia. “No te puedes imaginar lo que se me pasó por la cabeza cuando vi a esos hombres encapuchados”. Otro refugiado que vive en el edificio declara lo siguiente: “Pensé que era un ataque nazi, pensé que estaba de nuevo en Moria. Tenía un miedo terrible a esos hombres del pasillo”.

Pero la violencia no acaba ahí. La situación se agrava cuando los residentes del edificio pertenecientes al grupo solidario con Palestina se enfrentan al “equipo de desalojo” pro-sionista en la entrada del edificio. No está claro quién sacó primero el spray de pimienta. Al parecer, se produce un intercambio de palabras, luego se llega a las manos y, finalmente, ambas partes se rocían con spray de pimienta. La facción “crítica con el antisemitismo” (pro-sionista) se atrinchera en una mitad del edificio y proclama su ocupación, mientras que la facción solidaria con Palestina realiza una llamada de emergencia a grupos afines.

Lo que ocurre a continuación queda grabado en los vídeos que los ocupantes han publicado en Internet. Un grupo numeroso aparece frente al edificio, encapuchado con cascos de moto y kufiyas. Llevan bates de béisbol y listones de madera; en un caso, con clavos. Se bloquean las salidas. “Militantes antisemitas bloquean todas las entradas”, escriben los ocupantes pro-sionistas en las redes sociales. A los simpatizantes que llegan se les ahuyenta con extintores y lanzándoles piedras.

Finalmente, una vecina llama a la policía, probablemente por temor a que se trate de un ataque nazi. Cuando llegan varias furgonetas policiales, los contra-atacantes (pro Palestinos) desaparecen en un primer momento y la situación se estanca hasta bien entrada la tarde. Las versiones discrepan sobre si los ocupantes pro-sionistas pudieron retirarse durante ese tiempo. En un momento dado, un grupo cercano a la facción solidaria con Palestina intenta acceder a la casa por el tejado, lo que al parecer da lugar a una pelea entre ambas partes. Al final, la policía expulsa a los ocupantes pro-sionistas del recinto y toma los datos de 29 personas de ambos bandos.

¿CÓMO SE HA PODIDO LLEGAR A ESTO?

El miércoles, ambas partes siguen impactadas por la violencia. “Ha sido peor que todo lo que he vivido hasta ahora con la policía o los nazis”, afirma Moritz, un activista anti-alemán. Y también en La Casa siguen conmocionados. En un comunicado de diversos grupos antifa se afirma que este tipo de “violencia contra la izquierda no debe quedar sin consecuencias”. Muchas estructuras antifa berlinesas se han solidarizado con la facción pro-Palestina, aunque algunas también lo han hecho con los ocupantes favorables a Israel.

¿Cómo se ha podido llegar a una situación en la que personas de “izquierda”, que el día anterior aún “colaboraban” en el mismo proyecto de vivienda, se enzarzan en una pelea? Está claro que el conflicto se venía gestando desde hacía tiempo. Según informaciones del diario taz, el pleno de La Casa lleva tiempo incapacitado para actuar porque los distintos bandos se bloquean mutuamente. La cafetería para vecinos y vecinas, el club juvenil local, el alojamiento temporal para jóvenes con problemas… Todos estos proyectos se han visto afectados últimamente por el conflicto, por no hablar de las repercusiones en la convivencia.

Concretamente, al parecer, últimamente se han mudado al edificio personas que se muestran expresamente solidarias con Palestina. Según la facción ”crítica con el antisemitismo” (pro-sionista), se han ignorado los vetos de otros residentes del edificio. El bando solidario con Palestina afirma que la junta directiva de la asociación, del bando contrario pro-sionista, ha bloqueado con vetos por motivos políticos la entrada de personas que llevan años colaborando como voluntarios en el edificio. Dado que, debido al bloqueo mutuo, había habitaciones vacías, el pleno de la residencia delegó temporalmente la decisión sobre las admisiones a las comunidades de piso compartido.

El bando solidario con Israel quería poner fin a esta tendencia. «No puede haber concesiones en materia de antisemitismo», afirma el pro-sionista Moritz. La lista de acusaciones es larga: abarca desde una esvástica pintada sobre una estrella de David, pasando por el arrancado de pegatinas de memoriales de campos de concentración, hasta el pintado con spray de triángulos rojos de Hamás y la participación en manifestaciones contra Israel. La acusación es que el grupo pro-Palestina quiere convertir La Casa en un lugar libre de sionistas.

DIVISIONES INSALVABLES

No es posible aclarar de forma independiente qué parte de todo esto es cierto. Para algunas acusaciones hay versiones contrarias: se dice que la esvástica era obra de nazis. Las pegatinas de los memoriales de los campos de concentración llevaban la inscripción “Solidaridad con Israel”, lo cual resultaba intolerable a la luz del genocidio en Gaza. Sin embargo, en la fachada del edificio ocupado también aparece el lema “Glory to the resistance”, con el que otros grupos de izquierda habían movilizado a la gente para una manifestación contra Israel con motivo del aniversario del 7 de octubre. Según las fotos publicadas por los ocupantes pro Palestinos, en el interior del edificio también se pintaron triángulos rojos y lemas de la Intifada.

Y, sin embargo —al menos ante la prensa—, ambas partes hablan de una manera que podría llevar a pensar que las diferencias no son tan insalvables. “Por supuesto que estamos en contra de cualquier forma de antisemitismo”, afirma Mila, de tendencia pro-palestina, en el jardín de La Casa. Sin embargo, el anti-sionismo debe ser una postura legítima dentro de la izquierda. Moritz, del otro bando (pro-sionista), afirma que “puede entender” que los jóvenes “tengan dificultades para mostrar solidaridad con Israel desde la guerra de Gaza”. No obstante, para él, lo importante sería ser consciente de la continuidad del antisemitismo de izquierdas y hacer frente a él. Una conciliación de estas posturas parece imposible.

En La Casa, el conflicto se ha resuelto, a favor del bando pro-palestino. Varias personas del espectro solidario con Israel, que al parecer no participaron en los ataques, fueron expulsadas o no han vuelto; también hay diferentes versiones al respecto. “Estamos de acuerdo con la junta directiva en que la violencia como la del sábado no debe repetirse”, afirma Mila, de la facción pro-palestina. Para ello, es necesario que se celebren nuevas elecciones de la junta directiva (pro-sionista) y que todos los que participaron en el “ataque” sean expulsados del local. Se quiere mirar hacia adelante y volver a acercarse más al vecindario, dice Mila. Muchos vecinos del distrito se sienten inquietos por los sucesos. Para el fin de semana, el grupo ya ha organizado un brunch vecinal y también se están planificando conciertos. Los primeros vecinos ya se han pasado a tomar un café. Quizás el centro Antifa pueda retomar pronto su actividad.

NOTAS:

(*) «La izquierda discute sobre Oriente Próximo», diario taz, 10 de julio de 2026. Ninguna de las personas mencionadas en este artículo desea aparecer por su nombre en la prensa, todos los nombres son ficticios. Los términos “anti-alemán” y “pro-sionista” han sido añadidos por la redacción de Baskultur para facilitar la comprensión del conflicto en ambitos no-alemanes; dicha redacción no quiere ocultar que se posiciona políticamente a favor de Palestina y en contra del bando anti-alemán y pro-sionista. (ENLACE)

IMÁGENES:

(*) Antideutsche

(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 16/07/2026)

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