El regreso del fascista Bandera
El regreso de Stepan Bandera - Durante los años setenta, Ucrania Occidental proporcionó el mayor número de disidentes soviéticos, muy por delante de los bálticos. En una visita en Ucrania Occidental en el verano de 1988, al autor le sorprendió la ligereza con la que los disidentes locales (Irina Kalinets, Ivan Hel, Viacheslav Chornovil), muchos con años en campos de trabajo a sus espaldas y recén puestos en libertad por la perestroika, rehabilitaban la memoria de los seguidores de Stepan Bandera.
El historiador polaco Grzegorz Rossolinski-Liebe sitúa el movimiento de Bandera entre los fascismos más violentos y racistas de la Europa de los años treinta y cuarenta
En su magnífica biografía de Bandera, “Stepan Bandera, fascismo, genocidio y culto“ (recién traducida y publicada en castellano por la editorial Dirección Única), el historiador polaco Grzegorz Rossolinski-Liebe, sitúa el movimiento de Bandera entre los fascismos más violentos y racistas de la Europa de los años treinta y cuarenta. Rossolinski-Liebe que ha escrito el libro más completo sobre el personaje hasta la fecha, presenta el principal éxito de Bandera como el “haber llegado a ser el líder de un movimiento que intentó establecer un Estado autoritario de tipo fascista, limpiando por el camino hacia ese Estado a los enemigos étnicos y oponentes políticos, incluidos judíos, polacos, rusos, soviéticos, así como ucranianos comunistas, izquierdistas, conservadores y demócratas”.
En los años ochenta todo eso quedaba muy lejos para aquellos disidentes de Lviv. Con la indirecta ayuda de la represión soviética, habían bebido e interiorizado por completo la narrativa del exilio de los partidarios de Bandera huidos a Occidente, sobre todo a Canadá, que realizaron una metódica labor de blanqueo de la historia del movimiento nacional de Ucrania Occidental, presentándolo como un heroico movimiento anticomunista e incluso enfrentado a los nazis, para ponerlo en línea con la narrativa de la Guerra Fría. Los banderovstsi no fueron colaboracionistas, sino que incluso se enfrentaron a Hitler, decían; su participación en la división de las SS “Galitzia”, específicamente ucraniana y el batallón “Nachtigall”, no fue por simpatía con el nazismo ni para ayudar a Hitler, sino para luchar contra los soviéticos; la masacre de unos 100.000 polacos en la región de Volhynia, un asunto que todavía suscita roces entre Varsovia y Kiev, se vende como mera “propaganda” soviética por aquellos disidentes. De los más de medio millón de judíos que vivían en Ucrania Occidental antes de la invasión alemana de 1941, solo entre el 1,5% y el 3% sobrevivieron a la guerra.
Se negaba también el antisemitismo local, que se tachaba de “propaganda comunista”. De los más de medio millón de judíos que vivían en Ucrania Occidental antes de la invasión alemana de 1941, solo entre el 1,5% y el 3% sobrevivieron a la guerra. La mayoría fueron asesinados por los alemanes, pero la enorme mortandad de judíos en esa parte de Ucrania no se explica sin la activa organización de progromos a cargo de la OUN con el apoyo de la población local, como el de finales de junio y principios de julio de 1941 en Lviv en el que murieron entre 2.000 y 8.000 judíos. En las actuales imágenes de la demolición del cementerio/memorial soviético de Lviv, entre el ir y venir de los operarios y las excavadoras, llama la atención la pintada sobre uno de los conjuntos de estatuas del monumento: “Fuera judíos”.
Desde mucho antes de la invasión militar rusa de febrero de 2022, Ucrania ha estado reescribiendo su historia e intentando acabar, no sin protestas y resistencias, con toda memoria y referencia soviética y rusa en general, incluida la del científico ilustrado del siglo XVIII Mijaíl Lomonósov en Járkov, o la del bardo Vladimir Vysotsky, una especie de Georges Brassens soviético de la época de Brezhnev, en Odesa, por citar solo dos casos del pasado mes. En general, la línea oficial ha sustituido los abusos de la propaganda soviética por su propia narrativa étnico-nacionalista. El proceso comenzó en Ucrania occidental. Ya en 1990 se inauguraron los primeros monumentos a Stepan Bandera, algunos de los cuales fueron volados en reacción. Una de las virtudes del libro de Rossolinski-Liebe es que entra con detalle en la construcción y evolución del mito y el culto patriótico a Stepan Bandera, con calles y monumentos dedicados al caudillo fascista y sus colaboradores. Lo que al principio fue un fenómeno restringido a los tres departamentos de Ucrania Occidental, Lviv, Ivano-Frankivsk y Ternopil, se fue extendiendo al conjunto del país. Para el cincuentenario de la muerte del caudillo, en 2009, ya había centenares de calles, plazas y monumentos en honor a Bandera y sus secuaces, conforme sectores de la élite ucraniana se orientaban cada vez más hacia la OTAN y en contra de Rusia, sin que el fenómeno llegase a arraigar nunca en el sur y este del país, donde Bandera suele ser considerado un criminal y un colaboracionista. En 2008, el Parlamento nacional votó a favor de celebrar a nivel estatal el centenario del nacimiento de Stepan Bandera, se editó un sello de correos con su retrato y, dos años más tarde, el presidente Viktor Yushenko, casado con una exfuncionaria del Departamento de Estado americano, anunció la concesión del título de “héroe de Ucrania”. Lo que en 1988 era delirio de un grupo de disidentes de Lviv y el sentir de una minoría, geográficamente muy delimitada del país, se instaló en el centro del Estado para dividirlo.
La gran esperanza de Bandera, asesinado en 1959 por un sicario del NKVD en Munich, era la Tercera Guerra Mundial: que una nueva contienda barriera a la URSS y le permitiera establecer un nuevo régimen en la Ucrania soviética con el apoyo de los americanos y europeos. Era una esperanza muy parecida a la de Franco, que encontró su rehabilitación como viejo aliado de Hitler, ofreciendo a los americanos sus credenciales anticomunistas y su territorio para establecer bases militares. Bandera tuvo una relación muy cordial con la dictadura en España, el nombre de Franco se cita 26 veces en el libro de Rossolinski-Liebe, y en algún momento el ucraniano pensó en establecerse en España, como hicieron con diversa fortuna otros compañeros de viaje del nazismo como Leon Degrelle, Pierre Laval o Ante Pavelic.
La historia se repite como farsa. Hoy toda Europa está movilizada contra Rusia, que ve una “amenaza existencial” en la ruptura de la neutralidad de Ucrania consagrada en los documentos fundacionales de su independencia, en 1990. En Kiev, después de los de Lenin, se desmantelan monumentos a Pushkin y en Moscú se refieren al gobierno de Kiev como “régimen nazi”.
NOTAS:
(*) “Para entender el regreso de Stepan Bandera“ CTXT, 2025-05-05. Autor: Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania de la eurocrisis. (LINK)
IMAGENES:
(*) CTXT / TIMES
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2025-05-06)
