La estrategia sionista
El régimen sionista de Israel no solo persigue y asesina a combatientes palestinos, sino también a civiles, niños, mujeres y ancianos. Se dispara contra cooperantes de la ONU, empleados de ONG y proveedores de alimentos. La prensa palestina e internacional es uno de los principales objetivos. Más de 300 periodistas y fotógrafos han sido asesinados de forma selectiva. Se han convertido en enemigos especialmente odiados porque informan sobre el terror que los israelíes siembran en Gaza y Cisjordania. Un crimen de guerra más.
“Los periodistas siempre hemos sido un blanco legítimo para el Ejército israelí”, relata la periodista gazatí Youmna El Sayed en una entrevista con el diario vasco Gara.
Youmna El Sayed se convirtió en el rostro visible del genocidio en la cadena qatarí Al Jazeera en inglés. Youmna y su familia fueron amenazadas directamente por el Ejército israelí. Su casa fue bombardeado. Logró huir junto a su familia a Egipto, desde donde intenta seguir trabajando. Su caso es ejemplar. Solo ha sobrevivido por pura suerte. Muchos de sus compañeros y compañeras no tuvieron esa suerte. Porque la red del terror de las bombas israelíes es muy tupida. Es sabido que las fuerzas armadas israelíes localizan a las víctimas potenciales con ayuda de la inteligencia artificial y proceden directamente a asesinarlas: “neutralizar” es la jerga cínica que se utiliza para referirse a este asesinato en masa de corresponsales de guerra. Y siempre se les acusa a posteriori de haber pertenecido a Hamás.
El 7 de octubre de 2023, la periodista gazatí Youmna El Sayed estaba retransmitiendo en directo para la cadena qatarí Al Jazeera en inglés cuando un misil derribó una torre residencial situada justo detrás de ella. Desde Doha, el presentador le preguntó en repetidas ocasiones si estaba bien y le pidió que tomara resguardo. No era la primera que en un directo era testigo de un bombardeo contra un edificio residencial. En mayo de 2021, otro ataque aéreo derrumbó la torre Al Shorouq, de 14 plantas y ocupada principalmente por oficinas de medios extranjeros.
El Sayed fue amenazada directamente por el Ejército israelí. Su marido recibió una llamada desde un número privado en el que le advertían que debía de abandonar su casa porque la iban a atacar. Aún le tiembla la voz al recordar esa llamada. A principios de enero de 2024, logró salir de Gaza rumbo a Egipto junto a su marido y sus cuatro hijos, Aline, Mohamed, Cerine y Juju, de entre 15 y 8 años ahora. Desde su casa en Egipto, El Sayed conversa por videollamada. Una conversación que nos lleva hasta el 7 octubre de 2023 pero también a la reapertura del paso de Rafah, al fracaso del sistema internacional, al plan de Donald Trump para Gaza, al olvido del exilio y a tener que elegir entre la maternidad y el periodismo. Documentación de la entrevista publicada en el diario vasco Gara: (*)
Hace ya dos años que tuvo que salir de Gaza. ¿Cómo se encuentra? - Es cierto que físicamente he sobrevivido al genocidio y que mis hijos y mi marido están a salvo, pero no ha habido ni un solo día que haya desconectado de lo que estaba y está ocurriendo en Gaza. Es imposible vivir una vida ‘normal’. No estamos fuera de Gaza por decisión propia. El exilio significa incertidumbre, no saber qué te espera, qué va ocurrir. No sabemos cuándo ni cómo acabará este genocidio, o si podremos regresar ni qué futuro les espera a nuestras familias. Vivimos en un limbo.
Denuncia el olvido al que son sometidos los refugiados gazatíes en Egipto. - Los palestinos en el exilio han sido totalmente olvidados. A nadie le interesa resolver el problema político que les ha llevado al exilio. Somos una nación que ha sido desplazada forzosamente por la guerra y la ocupación ilegal de Israel. Hemos tenido que pagar fuertes cantidades de dinero para salir y venir a un país que nos trata como si fuéramos turistas de larga duración que no precisan de apoyo económico o emocional. Nuestros hijos han perdido dos años de escolarización por el genocidio y aquí tampoco pueden ir a la escuela como cualquier otro niño porque, simplemente, no tienen la residencia. Así se lo he hecho saber a cada uno de los representantes de la Unión Europea que han venido a Egipto, he escrito numerosos artículos sobre ello… pero, hasta el momento, no ha habido cambios políticos, ni se han planteado soluciones para los exiliados palestinos, ni siquiera la concesión de residencias temporales.
“Yo, Youmna El Sayed, periodista, reportera de Al Jazeera en inglés que retransmitía al mundo lo que estaba ocurriendo, no podía abandonar a Gaza, no hubiera podido vivir con ello. Eso me daba la fortaleza”
Pese al alto el fuego, desde octubre, Israel ha matado a casi 600 personas, entre ellas más de cien niños. ¿Siente que la presión internacional hacia Israel ha decrecido con la excusa de que hay un acuerdo de alto el fuego? - El genocidio no ha acabado. Hay que seguir poniendo el foco en ello. El alto el fuego ha ralentizado la intensidad de los bombardeos, pero no los ha parado. El 31 de enero, en un solo día, mató a una treintena de personas, entre ellas niños y siete miembros de una misma familia. Desde la entrada en vigor del alto el fuego el 10 de octubre, las fuerzas israelíes han cometido un total de 1.450 violaciones del acuerdo. Además de su ineficacia, lo que evidencia es el apoyo de Estados Unidos a Israel para que siga cometiendo crímenes contra los palestinos con el silencio cómplice de la comunidad internacional. Tampoco está cumpliendo con el flujo de la ayuda humanitaria –medicamentos, comida, combustible, refugios temporales...– acordada. Solo una minúscula parte de esa larga lista está entrando.
Su rostro se hizo habitual en las retransmisiones en vivo en Al Jazeera. En una de ellas, un misil derribó una torre situada detrás suyo. ¿Cómo es ser periodista en Gaza? - Ser periodista en Gaza equivale a tener que afrontar múltiples riesgos, no solo durante la cobertura de este genocidio. Para cuando salí de Gaza llevaba doce años ejerciendo la profesión. Los periodistas siempre hemos sido un blanco ‘legítimo’ para el Ejército israelí, que ha normalizado las amenazas y ataques directos contra nosotros –cuando salía al balcón de mi casa me solía ‘visitar’ un dron, hasta me hablaba y en una ocasión me ‘acompañó’ de camino a casa– los ataques contra nuestras familias, contra los medios y sus oficinas… Mencionas la cobertura en vivo en la que un misil derribó una torre que había justo detrás de mí. Eso ocurrió el 7 de octubre de 2023. Pero el 12 de mayo de 2021 también estaba haciendo un directo cuando otro misil derribó la torre residencial Al-Shorouq.
Se da la circunstancia de que el 90% de las 14 plantas de este edificio estaban ocupadas por oficinas de medios internacionales. El Ejército se atrevió a derribar una torre que básicamente albergaba a medios internacionales. En la cobertura de la Gran Marcha del Retorno de 2018, más de 150 personas murieron y al menos 10.000 resultaron heridas, de ellas 115 eran periodistas. Estábamos cubriendo una protesta civil y aún así fuimos atacados con munición real, granadas… La razón de estos ataques sistemáticos es que los periodistas somos la única ventana al mundo de Gaza porque cada vez que comienza una agresión militar, Israel cierra los pasos fronterizos y prohíbe la entrada de periodistas internacionales.
“Es importante dar testimonio. No lo hago como periodista, sino como testigo del genocidio y defensora de los derechos humanos y de la dignidad humana de mi gente”
Ha perdido a compañeros de profesión cercanos, entre ellos su amiga Mariam Abu Daqqa, a quien mataron mientras cubría un ataque contra el hospital Nasser. ¿Cómo la recuerda? - Mariam era una amiga muy querida, una gran profesional y madre monoparental que trabajó muy arduamente, arriesgando su vida porque quería enseñar al mundo el sufrimiento y también la fortaleza de Gaza. Hizo todo lo que pudo para proteger y cuidar de su hijo, Gaith. Iba a hospitales a fotografiar a heridos, a desplazados, a madres y padres desesperados… A través de sus lentes quería captar y relatar la realidad diaria de Gaza. No hubo un solo día que no saliera a trabajar. Fue al complejo médico de Nasser para fotografiar a los heridos de un ataque previo. Los periodistas que como ella estaban cubriendo ese ataque fueron alcanzados en un segundo bombardeo.
La recuerdo trabajando juntas sobre el terreno, con nuestros pesados chalecos y cascos, compartiendo cansancio, sufrimiento, sed y hasta hambre. Nos sentábamos espalda contra espalda y siempre encontrábamos algo, por muy estúpido que fuera, para reírnos y llenarnos de energía para continuar con nuestras coberturas. Muchas veces, nos sentíamos cansadas, al borde del colapso, con la sensación de ya no poder más ante tanta devastación y con ganas de tirar la toalla. Pero no podíamos darnos el lujo de rendirnos; esa misma devastación nos empujaba a seguir. Mariam murió en el ejercicio de su profesión, cumpliendo con su deber. Se me hace muy difícil asumir que todos esos compañeros ya no van a volver, que ya no están más entre nosotros. A veces creo que todo es un sueño y que cuando vuelva a Gaza voy a encontrarme con Mariam y los demás. Cuando pienso en esta guerra, llego a la conclusión de que Gaza nunca volverá a ser lo que fue, no por la destrucción física, sino por toda la gente que ya no está, por todas esas voces que nunca más vamos a volver a oír, por esos vecinos, amigos y compañeros que no vamos a ver.
En octubre de 2023 su marido recibió una llamada privada a su teléfono advirtiéndole de que sabían quién era y que la familia entera debía de abandonar la vivienda porque iba a ser atacada. ¿Cómo recuerda ese momento? - El mero hecho de recordarlo me sigue estremeciendo todo el cuerpo. Fue uno de los peores días de mi vida, porque yo me convertí en una amenaza directa y en un peligro para mis hijos, lo más preciado que tiene una madre. Creo que ninguna madre logra sobreponerse jamás a que algo les pase a sus hijos por representar ella una amenaza o un peligro para ellos. No puedo olvidar el miedo y el bloqueo de ese momento. A mi marido, a quien se dirigieron por su nombre y apellido, le dijeron que sabían quién era, que cogiera a su familia y se fuera para el sur de Gaza, porque de lo contrario nuestras vidas corrían peligro. Les contestó que no podíamos salir a la calle por los incesantes bombardeos. Le replicaron que ese no era su problema, sino el nuestro.
Días antes, un bombardeo del Ejército había matado a 13 familiares de mi compañero de profesión Wael Dahdouh. Estás en una posición en la que sabes que ninguna ley u organización internacional te va a proteger; estás totalmente indefensa. Lo más duro fue cuando mi hija mayor, entonces de 12 años, empezó a decirme ‘nos van a matar por ti, nos van a matar por ti’. Ella también estaba aterrorizada, gritaba y lloraba al mismo tiempo. No podía contenerse. Me quedé sin palabras, bloqueada. Recuerdo muy bien aquella noche de bombardeos incesantes. Me tumbé junto a hijos, mirándolos, jugando con su pelo, oliéndolos, abrazándolos como si tuviera todo el tiempo del mundo. Allá donde mirase, el cielo estaba iluminado por las bombas. Por primera vez sentí que no había ningún lugar a donde escapar, me apreté junto a ellos, intentando disfrutar de ese momento como si fuera el último.
Sobre las seis de la mañana, empezó una lluvia de disparos contra el edificio, los proyectiles caían en todas las direcciones. En el edificio había otras seis familias. Ninguna había recibido una llamada como la de mi marido. Un cuarto hora después, dijeron por los micrófonos que teníamos cinco minutos, cinco, para abandonar el inmueble. Tan pronto como arrancamos empezaron a dispararnos. Cuando recuerdo esos momentos, me pregunto si realmente pasaron o si son un mal sueño. Más tarde, nuestros vecinos nos mandaron fotografías del edificio completamente reducido a escombros. Era el único que habían derribado. Los de alrededor seguían en pie. La nuestra era una zona segura; el único instituto francés que había en Gaza estaba a pocos minutos de nuestra casa, justo al lado de nuestro edificio vivía el staff de Naciones Unidas… En los alrededores no había ningún centro militar o cualquier otra instalación que pudiera estar vinculada con Hamas.
“Se me hace muy difícil asumir que todos esos compañeros ya no van a volver, que ya no están más entre nosotros. A veces creo que todo es un sueño y que cuando vuelva a Gaza voy a encontrarme con Mariam y los demás”
Usted se vio obligada a elegir entre su profesión o su hijos. - Una de las peores situaciones a las que tuve que hacer frente a diario fue tener que dejar a mis hijos, que eran muy pequeños. Hubo veces en las que durante días no pude volver a casa. No estaba allí para ellos, para protegerlos, para darles de comer... Cuando iba a los hospitales y veía a todas esas familiares desplazadas, pensaba que, pese a todo, esos niños al menos estaban junto a sus padres y madres, mientras que los míos estaban lejos de mí. Tener que elegir entre mi profesión y ser madre era una elección muy difícil. Cada vez que salía les decía adiós como si no los fuera a volver a ver y le pedía a mi marido que cuidara de ellos. En la primera semana de la guerra, justo cuando había acabado una conexión en directo, atacaron la empresa de comunicaciones que estaba a una manzana de donde vivíamos, a unos 300 metros de distancia. Durante seis horas estuve viendo cómo los bombardeos iluminaban el cielo sin que yo pudiera acercarme a casa ni hablar con ellos porque las comunicaciones estaban cortadas. Rezaba para que cesaran y estuvieran vivos. Fue una noche horrible. Por la mañana siguiente, comprobé que estaban a salvo, pero tampoco pude ir a casa porque tenía que continuar con mi cobertura. Como madre conviví constantemente con esa contradicción y esa dura elección. Gaza ha sido abandonada por el mundo entero. Y, yo, Youmna El Sayed, periodista, reportera de Al Jazeera en inglés que retransmitía al mundo lo que estaba ocurriendo, no podía abandonar a Gaza, no hubiera podido vivir con ello. Eso me daba la fortaleza.
¿Cuándo se dio cuenta de que esta no iba a ser una agresión militar como las anteriores? - Ese 7 de octubre de 2023, cuando el misil alcanzó la torre y vi la destrucción de barrios residenciales enteros en solo un día, supe que no iba a ser como las demás agresiones militares. Miles de familias fueros desplazadas en un instante. Cuando Israel anunció el corte del suministro eléctrico y de agua, tuve la certeza de que se trataba de un castigo colectivo.
¿Sigue confiando en la comunidad internacional? - Este genocidio es la constatación del fracaso del sistema internacional. Israel siente que está por encima de las leyes y convenciones humanitarias, y de las investigaciones judiciales. No le importan. Se las salta una tras otra y hasta ha atacado a la Unrwa, una agencia de la ONU. Si no tenemos un andamiaje legal robusto y un orden mundial, entonces esto va a ser la ley de la selva. Es una catástrofe.
¿Cómo valora la Junta de Paz de Donald Trump? - No es una Junta de Paz, sino un plan para hacerse con el control de los recursos naturales de Gaza, como el gas en la parte central de la Franja, cuyo valor asciende a billones de dólares, y para reemplazar a la población palestina. Inversores extranjeros quieren ocupar el territorio. Jared Kushner presentó ante el mundo su plan para Gaza asegurando que se podrá implementar en tres años; un plan en el que destacan los rascacielos, centros turísticos… construidos sobre las ruinas de nuestras casas. Israel ha destruido con armamento estadounidense y europeo todo lo que hacía Gaza habitable –universidades, hospitales, mezquitas, casas, infraestructuras...– con el fin de implementar este plan.
¿Teme que la narrativa palestina pueda ser borrada? - No creo que la narrativa palestina pueda ser borrada porque la ciudadanía a nivel mundial ha mostrado su solidaridad, su preocupación y con sus protestas han empujado a los medios de comunicación de sus países a mirar hacia Gaza, a la violencia de los colonos en Cisjordania, a la confiscación de tierras palestinas..., y a cuestionar la narrativa israelí. La gente aprecia el testimonio honesto y directo de quienes hemos sido testigos de este genocidio y hemos sobrevivido. Así lo he sentido en las conferencias que he dado en Europa y Estados Unidos. Digo con orgullo que soy una superviviente del genocidio. Lo más importante es dar testimonio, que la gente sepa los detalles de este genocidio que no se ven. No lo hago como periodista, sino como testigo del genocidio y defensora de los derechos humanos y de la dignidad humana de mi gente. En cada una de la conferencias que he dado, he recibido un feedback positivo y me han agradecido mi presencia. No es fácil dar testimonio, hablar me rompe por dentro, aún estoy traumatizada; no ha habido ni tiempo ni tiempo para trabajar los traumas porque el genocidio no ha acabado. Pero creo en la capacidad de los pueblos. El reconocimiento de Palestina, por ejemplo, se ha dado gracias a las movilizaciones ciudadanas, no por decisión propia de los Gobiernos.
NOTAS:
(*) “Los periodistas siempre hemos sido un blanco legítimo para el Ejército israelí”, diario Gara, 2026-02-22 (LINK)
IMAGENES:
(*) Periodistas Gaza ( amnesty / naiz)
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2026-02-24)
