pepe1aPepe Mujica ha muerto

José “Pepe“ Mujica ha muerto en Montevideo / Uruguay con 89 años. Ha sido un político sin filtros, de los que quedan pocos, carismático y popular. Armado y no armado, socialista y socialdemócrata. Líder del Movimiento de Participación Popular, sector mayoritario del partido político Frente Amplio. El Pepe, como era conocido en su país, entró por méritos propios en el panteón de los grandes personajes de esa América Latina que le cuesta tanto liberarse del colonialismo y de los nuevos fascismos.

José Alberto Mujica Cordano (1935-2025): floricultor uruguayo y guerrillero Tupamaro, preso politico, senador, presidente de la República Oriental del Uruguay 2010-2015. Activista del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros y del partido político Frente Amplio.

"Para mí la política es la lucha para que la mayoría de la gente viva mejor. Vivir mejor no es solo tener más, sino ser más feliz, y eso tiene que ver con las carencias materiales, pero tiene que ver también con otras cosas". A José Alberto Pepe Mujica (1935-2025), le gustaba dejar frases para la posteridad. Dotado de una resistencia innata, supo reinventarse siempre sin perder su condición primigenia de campesino austero. Mujica se empeñó en darle sentido a su vida y no encontró mejor vía que la causa socialista. (*)

Guerrillero sin alma militar, sobrevivió a doce duros años de prisión. Político sin filtros, carismático y popular, llegó a la Presidencia de Uruguay a los 74 años sin cambiar sus hábitos espartanos. Supo llevarse bien con sus aliados latinoamericanos de izquierda sin molestar a Washington ni renunciar al libre mercado. El Pepe, como era conocido en Uruguay, ha entrado ya en el panteón de los personajes ilustres de América Latina, tras su fallecimiento este 13 de mayo.

pepe2aHay quien dice que el expresidente uruguayo se esforzaba para que su discurso sonara lo más popular posible. Las contradicciones de sus postulados políticos (elogios al marxismo y guiños al capitalismo) convirtieron a Mujica en un dirigente peculiar, idolatrado por la izquierda y bien considerado por una derecha latinoamericana que, más que su austeridad vital, ponderó sus mimos al gran capital. Mujica sabía cómo ganarse a unos y a otros. Fue su gran virtud. Podía hablar con Hugo Chávez del socialismo del siglo XXI y, al día siguiente, encarar con éxito una negociación comercial con la Casa Blanca. De joven admiró a Fidel Castro, pero quizá el político que más le influyó fue Luíz Inácio Lula da Silva, otro hombre del pueblo devenido mandatario.

Hay quien dice que el expresidente uruguayo se esforzaba para que su discurso sonara lo más popular posible. Como Lula, Mujica le hablaba a los de abajo con su mismo lenguaje. Eleuterio Fernández Huidobro, compañero de armas y de prisión, dijo en cierta ocasión que el Pepe siempre había sido así. Y precisó: "Al darse cuenta de que su discurso caminaba, lo cultivó. ¡No lo iba a cambiar!".

Por más que el poder le hiciera ver la dificultad de cambiar las cosas, Mujica no dejó nunca de ser un soñador con ansias de darle la vuelta a la tortilla. Abrazó el ideario anarquista siendo un chaval, pero pronto se sintió más próximo a un marxismo no ortodoxo. Esas ideas lo llevaron a militar en organizaciones de izquierda y a formar parte del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), la guerrilla que quiso tomar el poder a la brava a finales de los años 60. "Éramos políticos con armas", repetiría Mujica muchas veces al referirse a su etapa revolucionaria.

La popularidad de la guerrilla desbordó a sus dirigentes. Pasaron de ser un puñado de idealistas a varios miles de militantes encuadrados en columnas casi autónomas que pusieron en práctica las tesis del foquismo guevarista en versión uruguaya. Sin selvas ni sierras maestras, a los jefes tupamaros no les quedó más remedio que aplicar las ideas del Che (un foco rural de vanguardia capaz de expandir la revuelta del campo a la ciudad) en el asfalto. Las llanuras del paisito no dejaban alternativa. Así nació el foquismo urbano, una guerrilla de ciudad que puso contra las cuerdas al Gobierno y que sucumbiría tras el golpe de Estado de 1973.

De la clandestinidad a la cárcel

Dos años antes, Facundo —uno de los nombres de guerra de Mujica— estuvo a punto de morir en un encontronazo con la policía en Montevideo. Recibió varios balazos y sanó las heridas en su celda. Todavía convaleciente, participó en una de las fugas más espectaculares que se recuerden en la región. El 6 de septiembre de 1971 se escaparon del penal de Punta Carretas  106 militantes tupamaros gateando por un túnel de 40 metros. Pero la libertad le duró poco a Mujica. Fue detenido pasados unos días.

La dictadura de Juan María Bordaberry dio al traste con los planes de Tupamaros de instaurar el sueño de Guevara en Sudamérica. Como escarmiento, el régimen se cebó con tres de sus líderes: Mujica, Huidobro y Mauricio Rosencof. Encerrados en celdas de castigo, los tres jefes guerrilleros soportaron torturas físicas y psicológicas. Se trataba de llevarlos al umbral de la locura y de la muerte.

Los guerrilleros pasarían doce años en prisión, con largas temporadas incomunicados, durmiendo en el suelo en tabucos sin ventanas, con el único vínculo de sus carceleros. La salud mental de los prisioneros se resintió. Mujica se entretenía conversando con las ranas y escuchando los gritos de las hormigas. Esa etapa negra de su vida le dejaría graves secuelas físicas y psíquicas. Aun así, nunca guardó rencor hacia sus custodios. Cuando visitó Buenos Aires en 2018 para asistir al estreno de la película La noche de 12 años, que recrea el cautiverio de los tres dirigentes tupamaros, a Mujica le preguntaron si recordaba algún gesto humanitario por parte de sus carceleros. "Sí —contestó. La humanidad aparece clandestinamente. En aquellos años de prisión tuve muchas conversaciones con los soldados. Yo en mi calabozo y ellos en la guardia. Es más, me hice amigo de algunos soldados, y la amistad se mantiene hasta hoy, cuando ya son soldados retirados".

Al salir de la cárcel, en 1985, Mujica era ya un hombre maduro de 50 años, avejentado por las penurias sufridas. Decidió volver a la granja familiar a cuidar de la huerta subido a su tractor. Y, como complemento a esa vida sencilla (la que le proporcionaba la felicidad), continuaría con su militancia (la causa que daba sentido a su existencia).

Mujica pasó a ser conocido como el Pepe, un político distinto, sin discursos acartonados ni soflamas revolucionarias

Con el advenimiento de la democracia, el Movimiento de Participación Popular (los antiguos tupamaros) acabarían integrándose en el Frente Amplio en 1989. Los guerrilleros dejaban atrás sus armas y sus nombres de guerra. Mujica pasó a ser conocido como el Pepe, un político distinto, sin discursos acartonados ni soflamas revolucionarias. Sus seguidores enseguida fueron legión. Les gustaba la manera en que Mujica dialogaba con ellos, con los mismos giros y expresiones que utilizaban en su día a día.

Acompañado siempre por Lucía Topolansky, su pareja y compañera de militancia, Mujica fue haciéndose un hueco en el espectro político del Uruguay. En 1995 ya era diputado. El primer día que llegó al Parlamento, aparcó su Vespa frente al palacio legislativo y un guardia le preguntó cuánto tiempo iba a estar adentro. Mujica le contestó con su habitual sorna: "Si me dejan, cinco años". Su aspecto descuidado (no usaría traje hasta que Lula le dijo en broma que se pusiera uno para ganar la Presidencia, como había hecho él) provocaba la hilaridad de los atildados legisladores de los partidos tradicionales (blancos y colorados). Pero el Pepe no se arredraba. Él era machadiano (de sangre jacobina y manantial sereno), y a quien quisiera escucharlo, le recitaba aquello de "ya conocéis mi torpe aliño indumentario".

Su carrera política fue en ascenso y en 2005, cuando el Frente Amplio logró romper el binomio blancos-colorados que se había repartido el poder históricamente en el país, ocupó la cartera de Ganadería, Agricultura y Pesca en el gabinete de Tabaré Vázquez. Cuatro años más tarde, la sucesión de Vázquez como candidato presidencial parecía destinada a su ministro de Economía, Danilo Astori, del ala más liberal del Frente. Pero se interpuso el fenómeno Mujica. Arrasó en las primarias y Astori tuvo que conformarse con ser su acompañante en la fórmula presidencial. En noviembre de 2009, Mujica, el floricultor feliz, el militante heterodoxo, el dirigente locuaz, ganaba las elecciones y se convertía en presidente electo de Uruguay a los 74 años.

El presidente más pobre

pepe3aEl poder no le hizo cambiar su modo de vida. Pronto pasaría a ser conocido como el presidente más pobre del mundo. Mujica y Lucía Topolansky (con un escaño de senadora) no se movieron de su sencilla casa en Rincón del Cerro, a las afueras de Montevideo, donde se ocupaban de los asuntos de Estado mientras le echaban un vistazo a los guisantes y al maíz de su chacra y acariciaban a Manuela, su célebre perra de tres patas. La sobriedad fue una de las señas de identidad que José Mujica mantuvo siempre. Su deseo de realizar grandes transformaciones sociales, sin embargo, quedó enterrado por la realpolitik. Mujica era, ante todo, un hombre pragmático. El ideario tupamaro (reforma agraria, nacionalización de la banca, etc.) quedaba demasiado lejos.

Su amigo Lula ya se había percatado unos años antes de que se podían lograr avances sociales (como la reducción de la pobreza) siempre y cuando se dejara tranquilo al gran capital. Una socialdemocracia criolla era todo lo que se podía esperar de Mujica. Con los trajes se ganaban elecciones pero se perdían ideales. Quizá por ello, el Pepe acabó su mandato con unos índices de popularidad mucho más bajos de los que tenía al llegar al poder.

Matrimonio igualitario, despenalización del aborto, legalización de la marihuana

Aunque su gran preocupación fue la educación, a su Gobierno se le recordará por haber sacado adelante una serie de leyes de corte progresista, como el matrimonio igualitario, la despenalización del aborto o la legalización ordenada de la marihuana. Su estilo desenfadado fue traspasando las fronteras. Todo el mundo quería entrevistar a ese presidente que vivía en el campo y no tenía pelos en la lengua. Se sentía unido ideológicamente a la marea rosa que recorrió América Latina a principios de siglo (con Chávez, Lula, Evo Morales, Correa, los Kirchner), pero su incontinencia dialéctica le jugaba malas pasadas, y de vez en cuando le lanzaba un zarpazo a este o aquel gobernante, por muy de izquierdas que fuera.

Como presidente (2010-2015), Mujica tuvo que asumir las desilusiones que provocaba la estrategia pragmática de su Gobierno. Seguía pensando, no obstante, que había que ponerle coto al hiperconsumismo fomentado por el sistema capitalista. En la Cumbre de Río de Naciones Unidas celebrada en 2012 habló el militante por boca del estadista: "La lucha que se debe dar es cultural para lograr otra manera de vivir que no sea gobernada por el mercado".

A finales de abril de 2024, el ex-guerrillero anunció que padecía un cáncer de esófago de difícil curación. La enfermedad no impidió que continuara con las tareas de militancia en su partido, una actividad que compaginaba con el cuidado de su huerta. La parca, en palabras de Mujica, ya anduvo antes rondando su catre, aunque en esta ocasión, se lamentaba con sarcasmo, llegaba con "la guadaña en ristre". Retirado del primer plano de la política, Mujica siguió fiel a sus principios hasta el final de sus días. En su casita de campo tal vez pensara en las decepciones que le deparó el poder, pero debió de sentirse aliviado al caer en la cuenta de que él había conseguido lo más importante: darle sentido a la vida. (1)

Pepe Mujica hizo gala a lo largo de su intensa vida de sus orígenes. Se definía como “un poco vasco”. Visitó en dos ocasiones Euskal Herria –en 2013 y 2015– y descubrió que sus ancestros no marcharon de Muxika, sino del Goierri guipuzcoano en busca de una vida mejor en Uruguay. Fue en mayo de 2015, a punto de cumplir 80 años, cuando José Mujica, acompañado de su compañera, Lucía Topolansky, hizo realidad su deseo de visitar el país de sus ancestros. No era la primera vez, ya que estuvo en Euskal Herria dos años antes en visita oficial como presidente de Uruguay, pero esta incursión fue muy especial para un hombre que siempre sostuvo que en su lucha por la justicia social había tenido importancia el ser “un poco vasco” para enfrentarse a las adversidades que le deparó la vida. (2)

Durante esa segunda estancia en tierras vascas, el expresidente uruguayo confesó que se había prometido hacerla. “Probablemente no vengamos nunca más”, predijo. Tras su recorrido por Bilbo, Muxika, Bermeo, Donostia o Beasain, destacó que se quedaba “con la sensación de que son vascos, y no hay que confundir vasco con español”. Fue un viaje distendido, en el que estrechó manos y recibió cálidos abrazos de multitud de personas cautivadas por una figura que ha dejado huella en todo lugar que ha pisado. Lo hizo cuando cursó visita oficial en mayo de 2013, donde entre encuentros con responsables políticos, económicos e institucionales tuvo ocasión de visitar Muxika, localidad vizcaina de donde pensaba que partieron sus antepasados en busca de una vida mejor a América.

Emocionado por conocer por primera vez la tierra de la que emigraron sus ascendientes a Uruguay en torno a 1840, confesó sentir “alegría, tristeza, nostalgia, todo junto. Pienso que deben haber estado muy mal mis antepasados para que se fueran de semejante país tan hermoso“, reflexionó, en aquella ruta que luego le llevó a Arrasate para firmar un convenio de cooperación con MCC.

De Muxika a Beasain

pepe4aAquella visita tuvo otra consecuencia. El donostiarra Mikel Prieto, miembro de Eusko Ikaskuntza, inició un riguroso trabajo en archivos y sobre el terreno para acabar defendiendo que el origen de la familia de Pepe Mujica era el barrio rural de Astigarreta, en Beasain, del Goierri guipuzcoano. El investigador estableció el recorrido vital de Francisco Mujica Yeregui, bisabuelo del uruguayo, de Tolosa a Azpeitia y de ahí a Uruguay en su viaje que partió de Pasaia en 1842. Toda una revelación.

En un reportaje, se recogía la visita del periodista al caserío Muxika de Astigarreta. Prieto contactó con Mujica y le envió el exhaustivo trabajo genealógico. De nuevo, en Euskal Herria, esta vez como unos turistas más, Mujica y Topolansky visitaron a la bertsolari muxikarra Onintza Enbeitia, por entonces diputada de Amaiur, en su localidad natal. En su recorrido, hubo tiempo también para conocer el caserío de Astigarreta, antes de encontrarse en Donostia con Juan Karlos Izagirre, alcalde de Donostia. Le entregó a Mujica un documento en el que figuraba que el bisabuelo Muxika era trabajador del Ayuntamiento de Tolosa, pero que decidió cruzar el Atlántico en busca de una vida mejor. El exguerrillero tupamaro nunca rompió ese lazo sentimental con Euskal Herria. A finales de 2022, Durango y Montevideo firmaron un acuerdo de hermanamiento y cooperación que puso en evidencia los lazos históricos y culturales que unen a las dos localidades, ya que el militar y gobernador durangarra Bruno Mauricio de Zabala (1682-1736) fundó la capital uruguaya. (2)

Memorias del Calabozo

En América Latina, literatura y compromiso político han ido tradicionalmente de la mano. Mauricio Rosencof “El Ruso” y Eleuterio Fernández Huidobro “El Ñato”, los autores de uno de los relatos de tortura más estremecedores que se conocen, y sus compañeros tupamaros, como José Pepe Mujica, Jorge Zabalza o Raúl Sendic, son otro ejemplo de ello, y su testimonio militante toma la forma de libro excepcional difundido ya por todo el mundo, incluso en forma de película. En su presentación, Eduardo Galeano dijo que esta obra celebra la victoria de la palabra humana. Los protagonistas de estos testimonios de tortura, cárcel y sufrimiento consiguieron comunicarse a través de los muros, a golpe de nudillo, transmitiéndose mensajes, poemas y esperanzas, que ahora recogen en este libro. Esta experiencia representa, a su vez, la astucia, la dignidad, el alma cimarrona de una gran generación del Cono Sur americano que fue segada por las dictaduras militares. (3)

En su libro "Memorias del Calabozo", los compañeros tupamaros de Mujica, Mauricio Rosenccof y Eleuterio Huidobro describen el periodo de aislamiento de 1973 a 1985. Cuando los militares dieron un golpe de estado en el pequeño país del Río de la Plata en 1973, Uruguay era el país con mayor porcentaje de presos políticos del mundo. Para sofocar cualquier resistencia, los militares secuestraron de la prisión a nueve miembros destacados de la derrotada guerrilla urbana y amenazaron con fusilarlos en caso de nuevas acciones. Como rehenes de la dictadura, fueron literalmente enterrados vivos en grupos de tres en calabozos de cuarteles durante doce años, hasta que un resurgente movimiento social los liberó con el fin de la dictadura. (4)

El escritor Mauricio Rosencof y el más tarde ministro de Defensa "El Ñato" Eleuterio Fernández Huidobro habían podido comunicarse entre sí durante sus años en prisión golpeando un alfabeto a través de la pared y se comprometieron a dar testimonio de su lucha por sobrevivir en las mazmorras de la dictadura si sobrevivían. El tercer miembro de su grupo, Pepe Mujica, inmediatamente después de su liberación estaba tan enfermo que no pudo participar en este proyecto. El singular diálogo en aislamiento entre los dos autores es un documento excepcional de la literatura carcelaria. Una crónica de personas que consiguieron defender la dignidad humana incluso en las condiciones más inhumanas.

"Este libro celebra una victoria del lenguaje humano. Sus autores evocan sus experiencias en el reino del silencio y del terror. Cuentan cómo pudieron salvar su dignidad de seres humanos frente a un sistema que quería volverlos locos y convertirlos en cosas sin vida, como la hiedra en la pared" (Eduardo Galeano). El libro sirvió de base para la película "Compañeros. La noche de 12 años" (2018) de Álvaro Brechner, protagonizada por Antonio de la Torre como Pepe Mujica. La película ganó numerosos premios y fue reconocida por el jurado del Festival de Cine de Friburgo como un "homenaje a todos los presos políticos y a los que resisten a la barbarie humana". (4)

NOTAS:

(1) “Mujica, el guerrillero sereno”, diario Público, autor: César G. Calero, 2025-05-13 (LINK)

(2) “Mujica hizo gala de ser «un poco vasco» y cumplió su deseo de visitar el país de sus ancestros”, diario Gara, 2025-05-14 (LINK)

(3) “Memorias del Calabozo”, Rosencof, Huidobro. Editorial Txalaparta, Euskal Herria (LINK)

(4) „Memorias del Calabozo, Ed. Txalaparta, Casa del Libro (LINK)

IMAGENES:

(1) Lula, Mujica (reuters)

(2) Presos politicos 1985

(3) Mujica Lula VW (reuters)

(4) Mujica en Donostia (gara)

(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2025-05-14)



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