Un legado de los nazis
Un general de la Wehrmacht crea el cuerpo de oficiales de juventud, sin debate público ni control parlamentario. Décadas más tarde, estos oficiales se encuentran en las aulas, llegan a cientos de miles de jóvenes y marcan la imagen de la guerra, la seguridad y el ejército. Nicole Gohlke, vicepresidenta del grupo parlamentario de Die Linke en el Bundestag, demuestra que esto no es una casualidad, sino parte de un sistema bien pensado: políticamente deseado, institucionalmente respaldado y en constante expansión.
De la guerra de exterminio de los nazis al aula escolar: la verdadera historia de los llamados “oficiales de juventud” en la República Federal de Alemania de 2026. (Documentación Etosmedia)
Un antiguo general de la Wehrmacht, una orden interna, ningún debate: los oficiales juveniles de la Bundeswehr no se crearon en 1958 como un proyecto educativo democráticamente legitimado. Desde el principio fueron un instrumento de poder político para aumentar explícitamente la aceptación del rearme y el servicio militar obligatorio entre los niños y los jóvenes. Mientras que la Bundeswehr tiene acceso privilegiado a las escuelas, la educación para la paz sigue marginada. Quien hable de educación neutral debería preguntarse qué perspectiva se transmite realmente aquí.
Un hombre de la guerra de exterminio funda los oficiales de juventud
El nombre que figura al principio de esta historia es el de Adolf Heusinger (AH). Heusinger era jefe del llamado Departamento de Operaciones del Alto Mando del Ejército. Este fue decisivo tanto para la planificación de la invasión de Polonia como para la guerra de exterminio contra la Unión Soviética a partir de 1941. Hitler le informó personalmente de que esta guerra debía librarse como una “guerra de exterminio”, y más tarde coordinó la denominada “lucha contra los partisanos” en los territorios ocupados. El 20 de julio de 1944 se encontraba junto a Hitler cuando explotó la bomba del atentado de Stauffenberg.
Y fue precisamente ese mismo Heusinger quien en 1957 se convirtió en el primer inspector general de las Fuerzas Armadas alemanas y, mediante una orden interna del 8 de septiembre de 1958, creó la institución de los oficiales juveniles. Una institución que, hasta hoy, llega cada año a cientos de miles de niños y jóvenes, no es, por tanto, el resultado de un proceso democrático de formación de la voluntad, sino el producto de un antiguo general de la Wehrmacht, un viejo nazi.
Para qué se crearon realmente los oficiales de juventud
La Bundeswehr (ejercito alemán) sigue señalando hoy en día que los oficiales de juventud son responsables de la “formación seria en materia de política de seguridad” en las escuelas. Quien consulte los documentos fundacionales verá que eso es una leyenda, o mejor dicho una mentira. El objetivo oficial en 1958 era explicar, especialmente a una juventud supuestamente influenciable, la necesidad del rearme y el servicio militar obligatorio en el marco de la OTAN. En un momento en el que más de dos tercios de la población rechazaban rotundamente el rearme de Alemania, mientras que sindicatos, iglesias e intelectuales se sumaban al movimiento antimilitarista “Ohne-mich” (Sin mí).
Con 17 oficiales de juventud a tiempo completo al principio, la Bundeswehr lanzó entonces una ofensiva política: los soldados debían acudir directamente a las escuelas, ganarse a los docentes y transmitir a los jóvenes una imagen positiva del ejército y las armas. La Bundeswehr prefiere guardar silencio hasta hoy sobre el hecho de que este enfoque nunca se debatió democráticamente, y mucho menos se decidió en el parlamento. En cambio, los oficiales encargados de la juventud y los orientadores profesionales señalan que el ejército goza de “legitimidad democrática»” Una maniobra evasiva.
Ampliado por el SPD, en contra del movimiento pacifista
Además, los responsables de juventud no constituían una iniciativa conservadora bajo el mandato del entonces canciller de la CDU, Konrad Adenauer. A más tardar en la década de 1970, los gobiernos liderados por el SPD también los utilizaron de forma ofensiva. En 1970, Willy Brandt escribió una carta a todos los presidentes regionales en la que recomendaba expresamente a los oficiales de juventud como instrumento para despertar en los jóvenes la “comprensión” hacia la política de defensa y de distensión. La carta se envió apenas tres
semanas antes de su famosa genuflexión en Varsovia. El ministro de Defensa, Helmut Schmidt, por su parte, responsabilizó más tarde a los docentes / profesores del aumento de los objetores de conciencia y reaccionó rápidamente con una mayor presencia del ejército en las escuelas.
El número de oficiales de juventud se incrementó en esta fase de 27 a 56, como reacción directa a las protestas de la oposición extraparlamentaria (movimiento estudiantil de 1968) y al creciente número de objetores de conciencia. (La objeción de conciencia no suponía una negativa total a realizar servicios obligatorios, como ocurría en el País Vasco o en el Estado español de la década de los noventa; más bien, los objetores se ganaron ante una comisión examinadora de las Fuerzas Armadas alemanas el derecho al servicio civil.) Las organizaciones pacifistas y los objetores de conciencia fueron sistemáticamente excluidos de las aulas durante años; en Baden-Württemberg, el ejército alemán mantuvo de hecho un monopolio informativo durante más de dos décadas.
Privilegios estructurales para el ejército – Educación para la paz de forma voluntaria
En la actualidad hay 94 puestos de trabajo a tiempo completo para agentes de juventud en 61 localidades, además de 16 agentes de juventud de distrito y unos 250 agentes a tiempo parcial. Se trata de oficiales con rangos como el de capitán o capitán de corbeta, dotados de vehículos oficiales, equipos informáticos y presupuestos para viajes, y integrados organizativamente en el Centro de Trabajo de Información de las Fuerzas Armadas Alemanas en Strausberg (Brandeburgo). Cuentan con acuerdos de cooperación en al menos ocho regiones federadas. Desde Renania del Norte-Westfalia y Baden-Wurtemberg, pasando por Baviera, hasta Hesse y Sajonia, tienen acceso privilegiado a colegios, cursos de formación para docentes y planes de estudios.
Un ejemplo especialmente significativo es el de Baviera. Allí, la colaboración entre las Fuerzas Armadas y las escuelas no solo se ha mantenido, sino que recientemente se ha ampliado considerablemente y se ha profundizado. Las Fuerzas Armadas son ahora parte integrante de la educación cívica: los oficiales de juventud tienen acceso sistemático a las escuelas, participan regularmente en las clases y están involucrados en las medidas de orientación profesional. Lo nuevo es, sobre todo, el mayor arraigo institucional, que ya no hace que su presencia dependa de invitaciones puntuales, sino que la establece como parte habitual de la oferta escolar.
Los oficiales visitan más de 5.500 escuelas al año, se presentan como supuestos “expertos en política de seguridad” neutrales, abren puertas para el asesoramiento profesional y el reclutamiento, y la tendencia va en aumento. Y todo ello mientras que la educación para la paz se lleva a cabo casi exclusivamente de forma voluntaria. Las organizaciones por la paz deben luchar arduamente para conseguir invitaciones, no llevan uniforme, no disponen de vehículos oficiales ni de derechos de cooperación garantizados por contrato, sino que van pasando de una subvención de proyecto a otra. El resultado es un desequilibrio enorme: el Estado está construyendo una infraestructura educativa militar profesional y, de forma deliberada, deja a las voces civiles contrarias a la política de paz solo con las migajas.
Cambio de era, guarderías y reclutamiento de menores
Con el llamado “cambio de era (Zeitenwende), el papel de los oficiales de juventud ha cobrado un nuevo impulso. Además de las visitas clásicas a los colegios, se están probando nuevos formatos: visitas a guarderías, fiestas infantiles, desfiles con farolillos en cuarteles, formatos en redes sociales... Se pretende que los niños y jóvenes se acostumbren cada vez más pronto al ejército y a las fuerzas armadas como parte “normal” de la vida cotidiana. Al mismo tiempo, los oficiales de juventud sirven de puerta de entrada para una práctica de reclutamiento que, desde el punto de vista del Comité de los Derechos del Niño de la ONU, es claramente problemática.
Alemania sigue reclutando a menores: solo en 2024, las Fuerzas Armadas contrataron a más de 2.000 jóvenes menores de 18 años. Unos 150 países de todo el mundo cumplen la denominada norma “Straight-18”, que prevé el reclutamiento a partir de los 18 años; Alemania no es uno de ellos. Mientras en las escuelas se suspenden las clases, la escasez de personal cualificado se extiende y se recortan los servicios de asistencia social escolar, el Ejército alemán promociona en ferias de empleo y formación “trabajos con acción y aventura” ante menores de edad, con el fin de captarlos para una organización cuya misión principal es la violencia armada.
Ampliar de forma equivalente la educación para la paz en las escuelas
Si el Gobierno federal se toma en serio la educación para la democracia y la seguridad real, debemos invertir las prioridades y, en su lugar, lanzar una ofensiva a favor de buenas escuelas, de la educación política, de una protección civil en manos civiles, de una juventud que tenga perspectivas de una buena vida, en lugar de ser preparada para la próxima misión militar.
NOTAS:
(*) “De la guerra de exterminio al aula: La verdadera historia de los oficiales de juventud” (Titulo original: “Vom Vernichtungskrieg ins Klassenzimmer: Die wahre Geschichte der Jugendoffiziere”), ETOSMEDIA, autora: Nicole Gohlke, portavoz de Educación Superior y Ciencia del partido Die Linke en el Bundestag alemán, 19 de abril de 2026, traducción Baskultur.info (ENLACE)
IMAGENES:
(1) Ejercito alemán (bundeswehr)
(2) Logo (bundeswehr)
(3) Ejercito en la escuela (staatsanzeiger)
(4) Logo (brf)
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2026-05-10)
