El riesgo crece
La Federación Internacional de Fútbol (FIFA) se ha hecho un flaco favor al otorgar un premio por la paz precisamente al actual belicista número uno del mundo. Desde el punto de vista moral, parecía que la corrupta federación no podía caer más bajo tras los escándalos de Blatter y Platini, pero su jefe Gianni Infantino ha demostrado lo contrario. Sin embargo, el riesgo de un boicot a la Copa Mundial de Fútbol crece ante las amenazas del fascista Trump, y cada vez son más las voces críticas.
La Copa Mundial de Fútbol de 2026 en México, Canadá y Estados Unidos no sería el primer gran evento deportivo mundial en sufrir un boicot; en la década de 1980, los Juegos Olímpicos se vieron afectados en dos ocasiones.
Casi nadie se atreve ya a hablar del deporte como elemento de unión entre los pueblos en el mundo. Porque es una farsa. En Palestina se está llevando a cabo desde hace dos años y medio un genocidio, lo que el mundo capitalista observa con benevolencia. Al mismo tiempo, se oyen por muchas partes voces que piden la exclusión de Israel de las competiciones internacionales, sobre todo desde el hemisferio sur. Rusia, por su parte, está efectivamente excluida de todas las actividades deportivas, mientras que la Ucrania fascista es alabada y utilizada como escenario para el entrenamiento bélico. Tanto Israel como Estados Unidos amenazan abiertamente a Irán, participante en el Mundial, con un ataque militar, sin descartar el uso de armas nucleares. Solo en el último año, Estados Unidos ha atacado o amenazado militarmente a más de una docena de países, y ha animado al sionista Israel a hacer lo mismo. Sin embargo, ahora se pretende que todos los implicados, tanto agresores como agredidos, se reúnan en una fiesta deportiva, precisamente en el país del principal agresor.
Aparte de la vergonzosa entrega del premio de la paz en forma de balada aduladora al fascista Trump, la FIFA se mantiene fiel a su política habitual: guardar silencio y esperar a que ruede el balón. La diferencia entre Catar y la próxima edición del torneo en tres países radica, una vez más, en que Trump sigue echando leña al fuego y avivando los ánimos a favor del boicot. (El primer “Premio de la Paz de la FIFA”, creado expresamente para esta ocasión, fue entregado al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, durante el sorteo del Mundial de 2026 en diciembre de 2025, después de que no fuera suficiente para el Premio Nobel de la Paz.
“Hay un apoyo total de la FIFA al presidente Trump y a todos los miembros de la Junta de Paz. Porque todos debemos apoyar la paz. Todos debemos unirnos y unir a la gente”. Así se posicionaba el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, en el Foro de Davos, en relación a los últimos movimientos del presidente de Estados Unidos. No hizo alusiones a la agresión sobre Venezuela, a las muertes provocadas por los agentes ICE o a la creciente tensión alrededor de Groenlandia. Mientras tanto, en la Unión Europea crecen las voces favorables a un boicot al Mundial de Fútbol. (*)
Que el alineamiento con Trump terminaría comprometiendo a Infantino no era difícil de ver, pero, si esa misma estrategia le funcionó hace cuatro años en Qatar y hace ocho en Rusia, ¿por qué iba a ser diferente en Estados Unidos? La respuesta es que Trump no está mostrando la discreción que sí tuvo el emir de Qatar o la falta de afán de protagonismo que tuvo Putin con motivo del Mundial.
El presidente de Estados Unidos viene siendo un anfitrión incómodo para la FIFA desde el momento en el que tomó posesión de su segundo mandato. Tras el ataque sobre Venezuela y el secuestro de Maduro y su mujer, Cilia Flores, Infantino y la FIFA mantuvieron un silencio embarazoso. Ante las amenazas sobre México y Canadá, los otros dos países anfitriones del Mundial, ese mismo silencio empezó a comprometer al máximo órgano del fútbol. Ahora, la tensión sobre Groenlandia podría terminar por romper el consenso alrededor del Mundial.
“Me pregunto cuándo será el momento de hablar sobre un boicot al Mundial. Para mí, ese momento, claramente ha llegado”, declaró Oke Göttlich, presidente del St. Pauli y vicepresidente de la federación alemana, al diario 'Hamburger Morgenpost'. El diputado de la CDU alemana, Roderick Kiesewetter, dijo que, si Estados Unidos termina invadiendo Groenlandia, “es difícilmente concebible que los países europeos participen en el Mundial”. Jürgen Hardt, también diputado de la CDU y próximo al canciller, Friedrich Merz, declaró que “la cancelación del torneo solo se consideraría como último recurso para hacer entrar en razón al presidente Trump sobre Groenlandia”.
Deporte como herramienta diplomática
Las agresivas políticas de la Administración Trump han tensado mucho la relación con países cuyas selecciones participarán en el próximo Mundial, como es el caso de Colombia, Irán o Brasil. Sin embargo, en estos países no se han escuchado voces en favor de un boicot. Es en la Unión Europea donde ha crecido el apoyo a esta posibilidad, después de que el gobierno de Estados Unidos haya amenazado la soberanía de Groenlandia.
Todavía en Davos, Trump anunció haber acordado el “marco para un futuro acuerdo” sobre Groenlandia con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, al tiempo que rebajaba sus amenazas militares y arancelarias. Este cambio de actitud hacia la isla del Ártico rebajaría también el riesgo de un boicot al Mundial. Sin embargo, en Bruselas son conscientes de que el cambio de política emprendido por Trump, exige respuestas diferentes por parte de la Unión Europea. El próximo verano, Estados Unidos se juega mucho más que un torneo de fútbol y el éxito de este evento exige la presencia de las principales selecciones europeas.
Desde que, en 2017, se presentó la candidatura para el Mundial, el torneo se planteó como una ocasión para que el fútbol diera el salto que tanto le viene costando dar en Estados Unidos, iguale la pasión que despierta en buena parte del mundo y compita en ingresos con las ligas de béisbol, la NBA o la NHL. Se da la circunstancia de que, en este país, la cadena FOX tiene, tanto los derechos del Mundial, como los de la liga nacional de fútbol (MLS). En este contexto, un Mundial sin la presencia de las selecciones de Alemania, Francia, España o Italia, significaría una caída muy importante en los ingresos y en el impacto que el fútbol podría llegar a alcanzar en el país.
Estados Unidos se encuentra aquí en una situación de fragilidad frente a la Unión Europea, que se repetirá de cara a los Juegos Olímpicos de 2028, a celebrar en la ciudad de Los Ángeles todavía durante el mandato de Trump. El deporte se convierte así en una herramienta de presión diplomática muy útil para a la Unión Europea frente a la agresividad de Estados Unidos.
Mientras tanto, Infantino y la FIFA mantendrán la misma política que han mantenido hasta ahora y que siguieron de cara al Mundial de Qatar. A medida que se acercaba la competición y crecían las críticas por la violación de los derechos humanos en el país, guardaron silencio y ganaron tiempo, a la espera de que empezara el torneo. Cuando el balón echó a rodar, las críticas fueron callando y el torneo se pudo disputar, prácticamente, sin oposición. La diferencia con la próxima edición del torneo está, una vez más, en el riesgo de que Trump siga echando leña al fuego y alimentando las voces favorables a un boicot. La Unión Europea ya ha dicho que la línea roja es el respeto a la soberanía de su territorio, incluyendo países asociados como Groenlandia o las Islas Feroe.
Mientras tanto, la FIFA no parece recordar que, si el Mundial es el evento deportivo más importante del planeta, también es gracias a las décadas de relativa estabilidad que siguieron a la II Guerra Mundial y que ahora pone en peligro el presidente Trump, precisamente, cuando su país va a ser anfitrión del torneo.
NOTAS:
(*) Documentación de parte del artículo “El riesgo de boicot al Mundial de fútbol crece ante las amenazas de Trump”, diario Gara, 2026-02-06 (LINK)
IMAGENES:
(1) Boicot Mundial
(2) Equipo X (as)
(3) Groenlandia (videnskap)
(PUBLICACIÓN BASKULTUR.INFO 2026-02-17)
